La mayoría de quien busca un negocio local nunca llega a abrir una web: decide allí mismo, en el mapa. Ahí es donde tiene que verse bien.
Cada mes tocamos su ficha, respondemos a quien escribe y le mandamos los números. Sin misterio y sin jerga.
Categorías, servicios, horarios, festivos y atributos. La mayoría de las fichas están a medias, y eso cuesta posiciones.
Una publicación y fotos nuevas cada mes. Google enseña antes las fichas que dan señales de vida.
Todas, buenas y malas. Una respuesta bien escrita a una crítica vale más que diez estrellas calladas.
El cliente acerca el móvil y la página de reseña se abre sola. Así se pasa de 12 a 60 reseñas. La placa vale 34,90 € y se la regalamos cuando cumple tres meses con nosotros; después es suya, aunque se vaya.
Elegimos cinco búsquedas que importan a su negocio y seguimos su posición real cada mes.
Cinco números, por WhatsApp, siempre el mismo día. Cuántos le vieron, cuántos llamaron y cuántos pidieron cómo llegar.
No es un gasto que aparezca en el extracto. Es un ingreso que nunca llega, y por eso nadie lo suma.
Nada de PDF de doce páginas que nadie abre. Esto es lo que le llega al móvil cada mes:
Y debajo, dos líneas escritas por nosotros: qué hemos hecho este mes y qué haremos el próximo.
Desconfíe de quien le garantice el primer puesto en Google. Nadie controla Google: ni nosotros, ni la agencia que le llamó por teléfono.
Las primeras señales llegan entre el segundo y el tercer mes. Por eso pedimos un mínimo de tres meses: cobrar por menos no sería honesto.
No. La ficha de Google funciona sola. Pero funciona bastante mejor con web, porque hay adónde mandar a la gente.
Mejor. Reclamamos el acceso, arreglamos lo que esté mal y empezamos a trabajar desde ahí.
Vemos qué está mal y se lo decimos por teléfono en cinco minutos. Sin ningún compromiso.